
La clave de una cena romántica memorable no es la decoración, sino la orquestación sensorial y el dominio del protocolo.
- La iluminación no es un adorno, es una herramienta psicológica que modula la intimidad y la conversación.
- El menú ideal narra una historia de sabores en progresión, estimulando los sentidos sin abrumar el paladar.
- La elección del escenario y la anticipación a los imprevistos demuestran un control que transforma la velada en una experiencia de alta costura.
Recomendación: Deje de coleccionar ideas sueltas y empiece a aplicar los principios de la coreografía romántica, donde cada detalle, desde la hora de la reserva hasta el vino, tiene un propósito definido.
El deseo de recrear esa escena icónica de una cena perfecta, bañada por la luz de las velas, es un anhelo universal para los románticos clásicos. Sin embargo, el camino hacia ese momento sublime está plagado de clichés que amenazan con convertir la velada en una parodia involuntaria. La mayoría de los consejos se detienen en la superficie: esparcir pétalos de rosa, seleccionar una lista de reproducción genérica o encender cualquier vela sin propósito. Estos gestos, aunque bienintencionados, a menudo carecen de la profundidad y la coherencia que definen una experiencia verdaderamente memorable.
La diferencia entre un aficionado y un maestro en el arte del romance no reside en la cantidad de elementos decorativos, sino en la comprensión de su propósito. ¿Y si la clave no estuviera en evitar los símbolos clásicos del romance, sino en aprender a orquestarlos con la precisión de un director de orquesta? El secreto para trascender el cliché no es la reinvención, sino el dominio del protocolo de la intimidad. Se trata de una disciplina donde cada elección —la intensidad de la luz, la textura de un plato, la historia detrás de un vino— contribuye a una narrativa sensorial unificada.
Este artículo no es una simple lista de ideas, sino un manual de protocolo impartido por un Maître d’ de alta escuela. Desvelaremos la ciencia que se oculta tras la percepción romántica, aprenderemos a diseñar experiencias gustativas que seducen el paladar y a dominar la gramática de los escenarios. Le guiaremos a través de la coreografía del momento perfecto, asegurando que su próxima cena romántica no sea una imitación, sino una obra maestra original, sentida y, sobre todo, inolvidable.
Para guiarle en este arte de la orquestación romántica, hemos estructurado este manual en capítulos clave. Cada sección desvela un aspecto fundamental del protocolo, desde la física de la atmósfera hasta la psicología del sabor, asegurando que domine cada acto de esta representación tan especial.
Sumario: El arte de la cena romántica: una guía de orquestación
- Por qué la luz tenue y las velas cambian la conversación y la percepción?
- Cómo elegir un menú degustación que sea sensual pero no pesado?
- Cenar con arena en los pies o con vistas al skyline: ¿qué escenario impacta más?
- El riesgo del viento en cenas al aire libre: plan B obligatorio
- Qué vinos pedir para una cena romántica si no eres un experto sommelier?
- A qué hora reservar exactamente para ver la puesta de sol sobre los Alpes?
- Por qué compartir nuevos sabores libera dopamina y fortalece el vínculo?
- ¿Cómo cultivar momentos de ternura y romance cotidianos durante un viaje largo?
Por qué la luz tenue y las velas cambian la conversación y la percepción?
La luz no es un mero elemento decorativo; es el director de orquesta de la atmósfera. Una iluminación tenue y cálida, especialmente la de las velas, opera a un nivel casi subconsciente. Al reducir el campo visual, obliga a los interlocutores a acercarse, creando un círculo de confidencialidad e intimidad. Las sombras danzantes suavizan las facciones y desenfocan las distracciones del entorno, centrando toda la atención en el presente y en la persona que tenemos delante. Este fenómeno no es mágico, sino psicológico: la penumbra disminuye la agudeza visual y, con ella, las barreras y defensas personales. La conversación se vuelve más pausada, el tono de voz desciende y el contacto visual se intensifica.
El dominio de la luz es, por tanto, el primer mandamiento en el protocolo de la intimidad. No se trata de encender velas al azar, sino de esculpir el espacio con luz. La clave es crear «islas» de calidez en un mar de penumbra, guiando la percepción y el estado de ánimo. Un ejemplo magistral de esta filosofía se encuentra en establecimientos que han convertido la iluminación en su firma.
Caso de estudio: La estrategia lumínica del Tinta Bar en Palermo
Este restaurante, que ha logrado una puntuación de 4.2 en Google con más de 1100 comentarios, basa su éxito en una cuidada orquestación lumínica. Utiliza lámparas puntuales y velas en cada mesa para generar un ambiente que los clientes describen como «mágico y seductor». En su patio exterior, la combinación de vegetación, mesas espaciadas y puntos de luz cálida crea un oasis de intimidad. Tinta Bar demuestra que una iluminación correcta no solo decora, sino que transforma activamente la percepción del espacio y convierte la cena en una experiencia sensorial memorable.
Para aplicar este principio con maestría, es necesario seguir un protocolo claro. La altura de las llamas, la combinación de tamaños y hasta la fragancia de las velas son variables que un anfitrión perfeccionista debe controlar.

Como se aprecia en la imagen, la textura de la cera, la cerámica artesanal y el baile hipnótico de la llama son en sí mismos un espectáculo. La elección de materiales naturales y la creación de contrastes entre superficies lisas y rugosas enriquece la experiencia táctil y visual, elevando el uso de velas de simple utilidad a una declaración de intenciones estéticas.
Plan de acción para una iluminación magistral
- Selección de fragancias: Audite los aromas. Opte por fragancias sutiles como jazmín, vainilla o canela que aporten calidez sin competir con el menú. Descarte aromas sintéticos o demasiado intensos.
- Composición visual: Combine velas de diferentes alturas y grosores para crear profundidad y un juego de luces dinámico. Evite la simetría perfecta, que resulta artificial.
- Seguridad y normativa: Verifique las políticas del lugar. En espacios como hoteles con restricciones de fuego, utilice velas LED de cera real y llama móvil de alta calidad, que son prácticamente indistinguibles.
- Puntos de interés: Use velas flotantes en recipientes con agua para un efecto delicado o cree un camino de luz desde la entrada hasta la mesa para construir la anticipación.
- Funcionalidad: Asegúrese de que los candelabros o portavelas sean lo suficientemente bajos como para no obstruir la línea de visión entre los comensales. La comunicación es prioritaria.
Cómo elegir un menú degustación que sea sensual pero no pesado?
Un menú degustación, en el contexto de una cena romántica, no debe ser una maratón culinaria, sino una narrativa gustativa. El objetivo no es la saciedad, sino la estimulación y el descubrimiento conjunto. La sensualidad en el plato no proviene de ingredientes supuestamente afrodisíacos, sino de la progresión inteligente de texturas, temperaturas y sabores que invitan a la conversación y a compartir impresiones. Un menú bien orquestado es aquel que genera picos de sorpresa y momentos de placer sutil, manteniendo siempre una sensación de ligereza que permita que la velada continúe más allá de la mesa.
La clave reside en el equilibrio. Busque menús que alternen platos frescos y crudos con cocciones lentas y reconfortantes; que jueguen con el crujiente y el sedoso; y que ofrezcan porciones elegantes que inviten a saborear en lugar de a devorar. Un chef que comprende este principio no busca impresionar con cantidad, sino seducir con ingenio. De hecho, la tendencia en la alta gastronomía española refleja esta filosofía, donde la experiencia prima sobre la opulencia. Según datos recientes, el 78% de los nuevos restaurantes con distinción Michelin en España ofrecen menús degustación con opción de maridaje, priorizando el viaje sensorial.
Caso de estudio: La progresión de sabores del restaurante Chirón
Dirigido por el chef Iván Muñoz en Valdemoro (Madrid), Chirón es un ejemplo de cómo la alta cocina puede ser a la vez sofisticada y accesible. Su menú ejecutivo, galardonado con una estrella Michelin, ofrece una secuencia de 12 pases que construyen una historia coherente. Comienza con aperitivos audaces y ligeros como el yogur de morcilla o la regañá de salchichón de jabalí, que despiertan el paladar. Continúa con platos como la croqueta melosa y los boletus confitados, que aportan profundidad sin resultar pesados. La progresión está diseñada para mantener la curiosidad y la energía, culminando en una experiencia completa que satisface pero no agota.
Para seleccionar el menú adecuado, observe su estructura. ¿Hay un ritmo claro? ¿Se mencionan técnicas de cocción ligeras (vapor, baja temperatura, crudos)? ¿El maridaje propuesto sigue una lógica ascendente en intensidad? Un buen Maître d’ o sumiller podrá guiarle, pero es fundamental que usted, como anfitrión, tenga claro el tipo de experiencia emocional y física que desea crear. El menú es el guion de la noche; asegúrese de que cuente la historia correcta.
Cenar con arena en los pies o con vistas al skyline: ¿qué escenario impacta más?
La elección del escenario es una declaración de intenciones, la «gramática» con la que se escribe el capítulo principal de la velada. No existe una respuesta universalmente correcta; el impacto no depende del escenario en sí, sino de su coherencia con la narrativa romántica que se desea construir. Cada opción habla un lenguaje distinto y apela a diferentes arquetipos del romance.
Cenar con los pies en la arena es una apuesta por lo elemental y sensorial. Es una experiencia que conecta con lo primario: el sonido de las olas, la brisa salada, la inmensidad del horizonte. Este escenario despoja a la velada de formalismos, promoviendo una intimidad más relajada y natural. Sin embargo, su éxito depende de un control absoluto sobre los elementos, un desafío que no debe subestimarse. Por otro lado, una cena con vistas a un skyline urbano habla el idioma de la sofisticación y la aspiración. Es un romance enmarcado por el pulso de la ciudad, una burbuja de exclusividad suspendida sobre el mundo. La energía es cosmopolita, el ambiente es eléctrico y el gesto se siente grandioso y cinematográfico.

Como se puede observar, un escenario urbano bien elegido, como una terraza con vistas al atardecer sobre Madrid, combina la intimidad de la mesa con la majestuosidad del paisaje. La luz dorada del ocaso baña la escena, creando un momento de belleza efímera y compartida que se graba en la memoria. Sin embargo, existe una tercera vía que a menudo se pasa por alto: el encanto de lo bucólico.
Caso de estudio: La versatilidad romántica del Molino de Alcuneza
Este hotel boutique demuestra que el romance puede florecer lejos de los extremos de la playa y la ciudad. Ofrece una gramática de escenarios adaptable: mesas junto a la chimenea para un ambiente cálido y acogedor en invierno, o cenas en jardines bajo un cielo estrellado en verano. Su estrategia se basa en realzar la belleza natural del entorno con elementos cuidadosamente seleccionados como flores frescas, mantelería de lino y una iluminación suave. Este enfoque prueba que el escenario más impactante es aquel que se siente auténtico, cuidado y, sobre todo, privado.
En última instancia, la decisión no debe basarse en qué escenario es objetivamente «mejor», sino en cuál resuena más profundamente con la historia de la pareja. ¿Son urbanitas que celebran su éxito? ¿Amantes de la naturaleza que buscan la desconexión? ¿O almas que encuentran el romance en la calidez de un hogar con historia? El escenario más impactante será siempre aquel que se sienta como una extensión de su propia definición de romance.
El riesgo del viento en cenas al aire libre: plan B obligatorio
Un Maître d’ experimentado sabe que el verdadero lujo no es la perfección, sino la previsión. En una cena al aire libre, el elemento más impredecible y potencialmente desastroso es el viento. Una brisa suave puede ser romántica, pero una ráfaga inesperada puede apagar las velas, enfriar la comida y convertir una velada idílica en una lucha constante contra los elementos. Ignorar este riesgo es un error de aficionado; un profesional siempre tiene un Plan B, que no es un plan de consolación, sino un «segundo acto» igualmente encantador.
La orquestación de una cena exterior en España exige un conocimiento casi meteorológico de los vientos locales. No es lo mismo enfrentarse al Levante en la costa mediterránea, conocido por sus ráfagas secas y persistentes, que a la Tramontana en la Costa Brava, que puede ser feroz, o al Cierzo en el valle del Ebro. Cada uno requiere una estrategia diferente. La primera regla del protocolo es consultar fuentes fiables como la AEMET con 48 horas de antelación para anticipar no solo la probabilidad de viento, sino también su carácter e intensidad.
El Plan B no debe ser una retirada apresurada al interior, sino una transición fluida hacia un espacio alternativo previamente preparado. Puede ser un salón con chimenea, una galería acristalada que mantenga las vistas pero proteja del clima, o un patio interior resguardado. La clave es que este segundo escenario esté también decorado y ambientado, de modo que el cambio no se perciba como una derrota, sino como una nueva y acogedora fase de la experiencia. Elementos como mantas de alta calidad (como las de Ezcaray), cojines mullidos o incluso una fondue pueden transformar el Plan B en el momento más memorable de la noche.
- Protección de la llama: Utilice siempre farolillos cerrados o portavelas de vidrio altos que protejan las velas de corrientes de aire moderadas. Para vientos más fuertes, las velas LED de cera real y llama móvil son la única opción segura y elegante.
- Estabilidad en la mesa: Asegure los manteles con pesos discretos y elegantes. Opte por una vajilla y cristalería con algo más de peso de lo habitual para evitar que vuelen.
- Barreras naturales: Si el espacio lo permite, utilice plantas altas, biombos decorativos o la propia arquitectura del lugar para crear zonas resguardadas del viento sin sacrificar la sensación de estar al aire libre.
La maestría se demuestra no cuando todo sale según lo planeado, sino cuando los imprevistos se manejan con tal gracia y previsión que el invitado nunca llega a notar que algo podría haber salido mal. El Plan B no es una opción, es una obligación protocolaria.
Qué vinos pedir para una cena romántica si no eres un experto sommelier?
El momento de elegir el vino puede generar una ansiedad innecesaria. El temor a no estar a la altura, a elegir incorrectamente o a parecer ignorante puede empañar la velada. Un Maître d’ le dirá que olvide esa presión. En una cena romántica, el mejor vino no es el más caro ni el mejor puntuado, sino aquel que cuenta una historia y genera conversación. La clave para un no experto no es pretender ser un sumiller, sino adoptar la curiosidad de un viajero.
En lugar de intentar descifrar una carta de vinos interminable, su estrategia debe centrarse en dos pilares: la confianza en el profesional y la búsqueda de la singularidad. Un buen camarero o sumiller es su mejor aliado. La forma de solicitar su ayuda es crucial. Evite preguntas vagas como «¿Qué me recomienda?». En su lugar, utilice «frases maestras» que le posicionen como un cliente interesado y curioso, no como un ignorante.
- «Buscamos una botella que nos cuente una historia sobre esta región.»
- «¿Qué vino de la tierra me recomienda que se salga de lo habitual?»
- «Nos gustaría probar algo de una bodega familiar pequeña o de viticultura heroica.»
Estas frases abren la puerta a que el sumiller comparta su conocimiento de una forma narrativa, no técnica. Le hablará del enólogo, de la historia del viñedo o de la dificultad de la cosecha, transformando el vino en un tema de conversación. Para ir un paso más allá y sorprender, puede mencionar algunas denominaciones de origen o uvas españolas que demuestran un interés genuino: un Mencía joven de la Ribeira Sacra para un tinto elegante y fluido, o un Godello con barrica del Bierzo para un blanco con carácter.
Caso de estudio: La estrategia de maridaje del Pazo de Toubes
Este pazo del siglo XVIII, en el corazón de la D.O. Ribeiro, es un ejemplo perfecto de cómo la historia del vino supera el conocimiento técnico. Su propuesta gastronómica, reconocida por la Guía Michelin, se marida exclusivamente con los vinos de su propia bodega. La experiencia no se centra en complejas notas de cata, sino en cómo cada vino narra la historia del ‘terroir’ y los viñedos centenarios que rodean la propiedad. Al elegir, los comensales no seleccionan una uva, sino una parte de la historia de Galicia, haciendo que la conexión con la bebida sea emocional, no solo intelectual.
Recuerde, el objetivo no es acertar, es compartir una experiencia. La curiosidad es más seductora que la erudición. Un vino que provoca una pregunta o una sonrisa es infinitamente superior al vino «correcto» que pasa desapercibido.
A qué hora reservar exactamente para ver la puesta de sol sobre los Alpes?
El sueño de una puesta de sol sobre los Alpes es universal, pero España ofrece sus propios lienzos celestiales, desde los Pirineos hasta el Atlántico. La clave del éxito no es la montaña, sino la coreografía del momento. Reservar para «ver la puesta de sol» es una imprecisión de aficionado. Un profesional orquesta una experiencia en tres actos, sincronizada con la dramaturgia del sol, para maximizar el impacto emocional del crepúsculo.
El primer error es reservar a la hora exacta del ocaso. Para entonces, la magia ya ha comenzado y la llegada se vuelve apresurada. La coreografía correcta sigue una secuencia precisa, que varía según la estación del año. Es fundamental conocer que, en España, las puestas de sol en verano ocurren entre las 20:30 y las 21:45, mientras que en invierno se adelantan a las 17:30-18:30. Destinos costeros como Cadaqués, con su horizonte marino despejado, pueden ofrecer hasta 15 minutos adicionales de luz.
La estrategia de reserva perfecta se desarrolla en tres tiempos, utilizando aplicaciones como PhotoPills o Sun Surveyor para conocer la hora exacta del ocaso en la ubicación precisa del restaurante:
- Acto I: La Llegada (30 minutos antes del ocaso). Este es el momento de llegar al restaurante, ser conducido a la mesa y pedir la primera copa. Permite aclimatarse al entorno y anticipar el espectáculo. La luz aún es dorada y la atmósfera se carga de expectación.
- Acto II: El Clímax (Momento exacto de la puesta de sol). El sol toca el horizonte. Este es un momento para la contemplación, no para la distracción de los primeros platos. Debe disfrutarse con la copa en la mano y, como mucho, un aperitivo ligero. Es el instante fotográfico y el clímax visual de la velada.
- Acto III: La Hora Azul (20-30 minutos después del ocaso). Una vez que el sol ha desaparecido, el cielo se tiñe de un azul profundo y mágico. Esta es la luz más fotogénica y romántica. Es en este preciso momento cuando debe comenzar la cena principal. La transición de la luz natural a la luz de las velas se produce de forma orgánica, sellando la atmósfera de intimidad.
Al hacer la reserva, no pida simplemente «una mesa con vistas». Solicite específicamente «una mesa con vistas al oeste para la puesta de sol». Esta precisión le identifica como un cliente que entiende el valor del momento y asegura que el personal del restaurante sea su cómplice en la orquestación. Y, por supuesto, verifique la previsión de nubes 24 horas antes; la flexibilidad para cambiar de día es el último as en la manga de un perfeccionista.
Por qué compartir nuevos sabores libera dopamina y fortalece el vínculo?
La conexión romántica no solo se nutre de palabras y miradas; también se construye en el paladar. Compartir una experiencia gastronómica, especialmente si implica descubrir sabores nuevos, activa poderosos mecanismos neuroquímicos que fortalecen el vínculo de pareja. No se trata de una mera metáfora: es ciencia. La novedad, en cualquier forma, estimula la liberación de dopamina en el cerebro, el neurotransmisor asociado con el placer, la recompensa y la motivación. Cuando una pareja prueba junta un plato exótico o un ingrediente desconocido, ambos cerebros experimentan simultáneamente este «chute» de placer, asociando esa sensación positiva a la presencia del otro.
Este acto de descubrimiento compartido va más allá de la química. Es una forma de comunicación no verbal. Las reacciones —una ceja levantada por sorpresa, una sonrisa de deleite, incluso una mueca de disgusto— crean un lenguaje común y momentos de vulnerabilidad y juego. Se establece un micro-mundo donde solo existen dos exploradores y su mapa de sabores. Esta forma de intimidad es tan potente que, para muchos, supera a otras. Un estudio reciente reveló que el 32% de las personas encuestadas en España considera que la intimidad emocional generada al compartir experiencias es más atractiva y fundamental que la conexión puramente física.
Caso de estudio: El ‘safari de sabores’ en los mercados españoles
Una estrategia brillante para aplicar este principio es realizar un «safari de sabores» en mercados emblemáticos como La Boquería en Barcelona o el Mercado Central de Valencia. La misión es sencilla: encontrar y probar juntos los productos más singulares que puedan encontrar. Desde el intenso sabor a mar de un percebe gallego hasta la complejidad de un queso de Cabrales o la textura de la mojama murciana, cada bocado es una aventura. Como se detalla en guías de experiencias, esta actividad de descubrimiento conjunto no solo activa la dopamina por la novedad, sino también la oxitocina, la «hormona del apego», por el acto de cuidarse y ofrecerse bocados mutuamente.
Por lo tanto, la próxima vez que planifique una cena, considere empezar la experiencia horas antes, en un mercado local. Transforme la compra en un juego de exploración. Deje que la curiosidad guíe sus elecciones y construya la narrativa de su cena desde el origen mismo de los ingredientes.

El acto de elegir juntos, de dudar, de atreverse a probar, es el verdadero aperitivo de la cena. Es un prólogo que enriquece la historia que más tarde se contará en la mesa, creando recuerdos compartidos que perduran mucho más que el sabor de cualquier plato.
Puntos clave a recordar
- La perfección romántica no se improvisa, se orquesta. Cada elemento debe tener un propósito dentro de una narrativa sensorial coherente.
- La anticipación es el mayor lujo. Dominar la coreografía del tiempo y tener un plan B impecable diferencia una velada agradable de una inolvidable.
- El romance más profundo se cultiva en las experiencias compartidas, desde el descubrimiento de un nuevo sabor hasta la creación de rituales cotidianos.
¿Cómo cultivar momentos de ternura y romance cotidianos durante un viaje largo?
La gran cena romántica es un acto culminante, un evento. Sin embargo, el verdadero tejido del romance se teje en el día a día, especialmente durante un viaje largo, donde la rutina puede amenazar con erosionar la magia. Un Maître d’ de la vida en pareja sabe que el secreto no está en los gestos grandilocuentes, sino en la creación de micro-rituales cotidianos. Se trata de pequeñas ceremonias, ancladas en la cultura local, que actúan como puntos de conexión y ternura a lo largo del día.
España, con su rica cultura de socialización y disfrute, ofrece un repertorio infinito de rituales para adoptar. Estos no requieren grandes presupuestos ni planificación, solo la intención de hacer una pausa y compartir un momento. La clave es la constancia: convertir un acto simple en «nuestro momento». Por ejemplo, el vermut del domingo al mediodía no es solo un aperitivo; es una cita semanal sagrada. La merienda con churros y chocolate a media tarde es un paréntesis dulce en la jornada. El ritual nocturno de preparar juntos un gin-tonic «a la española», con sus botánicos y su copa de balón, transforma una simple bebida en una actividad compartida.
Caso de estudio: Los micro-rituales de las parejas españolas
La tendencia de cultivar el romance cotidiano está en auge. Datos del sector nupcial español muestran que las parejas, con una edad media de 36 años y mayoritariamente millennials (68%), valoran cada vez más las experiencias compartidas sobre los bienes materiales. Un ejemplo culturalmente relevante es la recreación en pareja de recetas del programa MasterChef Celebrity. Como se indica en análisis del sector, este ritual transforma la preparación de la cena en una actividad lúdica y colaborativa, a menudo acompañada de una copa de vino, que rompe la monotonía y fortalece el vínculo. Esto es especialmente valioso para el 25% de estas parejas que ya tienen hijos y buscan activamente estos micro-momentos de conexión.
Durante un viaje largo, estas rutinas se convierten en anclas emocionales. La «misión» diaria de encontrar el mejor pan del pueblo, el ritual de escribir juntos un diario gastronómico o el simple acto de tomar un café en la plaza principal cada mañana crea una historia paralela, una capa de intimidad que enriquece la experiencia global del viaje. Son estos pequeños actos de ternura deliberada los que construyen un romance sólido y duradero, mucho más allá de una única cena a la luz de las velas.
Ahora que conoce el protocolo y la ciencia detrás de una velada perfecta, el siguiente paso es aplicar estos principios no como una lista de tareas, sino como una filosofía. Comience a observar, a planificar y a orquestar sus propios momentos, transformando lo cotidiano en extraordinario.
Preguntas frecuentes sobre la escenografía romántica clásica
¿Cuáles son los vientos más problemáticos en las costas españolas?
El Levante en el Mediterráneo puede alcanzar 70 km/h, el Poniente en Cádiz es más suave pero constante, la Tramontana en Costa Brava puede superar los 100 km/h, y el Cierzo en el valle del Ebro es seco y frío.
¿Qué alternativas existen si llueve durante una cena romántica planificada?
En la costa cantábrica, aprovechar galerías acristaladas típicas de la arquitectura local. En el sur, trasladar la cena a patios interiores con fuentes que mantienen la frescura. Los paradores y hoteles rurales suelen tener salones con chimenea como plan alternativo.
¿Cómo proteger la decoración con velas del viento sin perder romanticismo?
Usar velas en vasitos de cristal, farolillos de diseño artesanal tipo ferias andaluzas pero más elegantes, o velas flotantes en recipientes con agua que son más estables. Las velas LED de cera real de alta gama son indistinguibles y completamente seguras.